Esperando el metro

Son las 21:21 y me planto en la misma estación, casi sumergida en una soledad profunda, hasta que veo sus puros y profundos ojos azules.Un ser casi de ultratumba, que se acerca a preguntarme la hora. Yo, amable, le contesto y le regalo una sonrisa que descubre que estoy al borde del pánico. Sus ojos me inspeccionaron toda, y, luego de tirar su cigarrillo ya consumido, contesta mi sonrisa con otra que expresa una incomodidad tímida, como las que tienen los tiernos amantes desconocidos. Yo, sonrojada ya, lo miro a los ojos, y tratando de no quedar hechizada por ese azul tan profundo y sincero que refleja a un hombre muy sensitivo y, a la vez, muy pensante,me volteo para checar si se aproxima el metro que yo espero.

Regreso mi mirada y la fijo en esos hermosos ojos, malditos ojos que me hechizaron. Con su boca tan delgada contra la mía, que comparandola era tan gruesa, comenzó ese maravilloso ritual que sólo conocen los tiernos enamorados. Me soltó solo cuando yo rechacé su abrazo. Con un gesto de negativa me rehusé a volverlo a ver, y corrí lo más posible hasta salir a una calle. Decidí que mi casa no estaba tan lejos y que podía ir a ella caminando.

Caminé y caminé sin cesar, pero al llegar a la esquina de mi casa me topo con esa mirada tan inocente y a la vez maldita. Me preguntó que quién era, mi edad y demás. Yo solo corrí a abrir mi casa, tratando de no quedar embrujada por esos ojos. Su cara era excepcional, con una piel de color blanco cadavérico, una barba cortada tan delicadamente, una nariz que desvariaba su tamaño respecto a sus finas facciones, y sus ojos,unos ojos azules como jamás he visto; comojamás hubiera querido ver, y, dando un aspecto algo prolijo, una cabellera algo larga color castaño rojizo desparpajada, todo este marco me hechizó. No supe que responder y accedí a que entrara a mi sala.

Ya estando en la sala, comenzó a contarme su historia.Los vagos recuerdos que tengo al respecto son que su nombre era Joaquín, y llevaba cinco décadas de fallecido. Quedé perpleja ante esa confesión, ya que ese hombre aparentaba, a lo mucho, unos veintisiete años de edad. No supe que responder. Él me dijo que yo era su novia, Renata, a quien había dejado sola hace cinco décadas atrás. Dijo que me amaba, que ahora ya no se separaría de mí; desvariaba mentalmente, creído de que yo era su amada Renata. Incluso dijo algo respecto a la casa, si mal no recuerdo, afirmaba que ahi vivía su tierna amante. Me suplicó que lo besara, que culminaramos nuestro supuesto amor casandonos. No sé cual fué mi reacción,ya que lo único que se escuchó fué el sonido de mi espalda contra el suelo.

Me levanté y estaba en mi cama. Confundida tomé del buró el reloj. Habian pasado siete horas desde mi desmayo; y me sentía renovada. Me levanté de la cama y, al ir al baño, me ví al espejo de cuerpo completo que tenía en la puerta; ahí fué cuando un estruendoso grito irrumpió el silencio de la habitación. En eso entra Joaquín, quien extasiado de emoción me cuenta todos los detalles de nuestra boda. Yo, no hago más que llorar, le pido explicaciones y lo único que hace él es abrazarme; en ese acto cierro los ojos.

Luego de abrir mis ojos, veo una lápida, con mi nombre grabado. Sin entender más,veo una marcha fúnebre salir del panteón. Veoa mi madre desecha por mi muerte. Sin más, pido una explicación sensata a esto. Joaquín solo me besa y me vuelve a abrazar.

Luego de esto, me dirije a una casa abandonada.Ahí me encuentro con más mujeres, que tienen un aspecto característico. Todas ellas tienen el cabello rojizo y traen una boina negra puesta. La misma indumentaria que yo solía usar en mi vida mortal. Ahí fué donde entendí que Joaquín solo seguía su capricho, buscaba y buscaba a su amada Renata; me dí cuenta de eso al observar un portarretrato con la foto de Renata; una chica de ojos diminutos, profundos, cabellera rojiza y larga; unos labios carnosos y una mirada de esperanza. Joaquín me observa y me dice que ahora soy su consentida, debido al gran parecido que tengo respecto Renata, su siempre amada Renata.

Ahora, no se bien donde estoy, sólo tengo este papel que pienso poner en la estación del metro donde me encontraba esa noche fatídica. Un papel de advertencia;ya que si llegas a ver a un hombre elegante, con ojos azules electrizantes; será mejor que te despidas de tu vida; ya que solo eres una presa más de Joaquín, de su capricho y anhelo por encontrar a Renata, su amada desaparecida.

The girl with kaleidoscope eyes

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