Regalo

Todos me recomiendan usar una agenda. Mi mente ha envejecido, lo reconozco. La rutina, el hastío y demás, le quitan el ser al humano, dejándolo a la deriva. A pesar de sus ataduras. No es como saltar de un bongee, lo cual parece extraordinario. El ser, nunca existió. Al menos, no en el siglo XXI. Si me permiten concluir, 21 años son los suficientes que necesita mi mente como para fallar, olvidar una fecha importante o la cartera, o las clásicas llaves. Son diez para las once de la mañana de un miércoles, y debo salir a comprar una agenda. ¡Qué bueno que sólo será un regalo! Sin moño, frío y lejos de toda frivolidad: una  advertencia del paso del tiempo, la necesidad de encapsularlo.

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