Fuera de casa I

Solías sentirte como exiliado, como extranjero. Como el judío errante. En la diáspora. Han pasado tantos años y tus pies no conocen el descanso. Te han desconocido. El reloj sigue su curso, y tú ordenas la mortaja, cada noche; calientas el café matinal. Ningún ojo te ha visto, pero te sientes juzgado. Nadie te ha escuchado, pero todos te nombran. Y sus voces resuenan en tus oídos. Y sus dedos son como flechas. 

Tranquilo, es el ansiolítico de todos los días. No te preocupes, estás en una linda jaula.

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