El fin

No es fácil despedirse de una persona tan familiar. Su sonrisa, su manera de mirar y de responder, a balbuceos, a las preguntas cotidianas: ¿cómo estás?, ¿en dónde nos veremos luego? Y otras trivialidades por el estilo. La costumbre mata, pero promete una resurrección. O quizá en su muerte radica el colirio rutinario, que nos hace rumiar en la repetición día tras día.

El compás bien marcado al inicio de semana es, por demás, aterrador. Cada minuto cobra vida, una factura que incrementa. Y estamos a mitad de semana. Las máscaras van danzando alrededor de los pasillos, se sientan en los mesa bancos: el espectáculo ha comenzado. Desayuno, comida, y una cena a regañadientes, entre cuartillas que preferiría leer en otro tiempo, cuando mi mente recupere su estado anterior al del fin de semestre. Desdicha: la madrugada es larga y la mañana parece estar diseñada para cualquier escenario absurdo.

Mientras, en el transcurso de la vida, el ritmo acelera de andante a allegreto: es el regreso a casa.

Luego, nada diferente. El mismo ritmo en otra tonalidad. 

Al final, no es tan desagradable, porque las despedidas nunca parecen terminar.

Anoto: 

La literatura es peor que la belle dame sans merci, esa mujer amada y temida por los simbolistas. Cuando se le hace trampas, cuando siente que se la utiliza para usos espurios, su venganza suele ser feroz. (El arte de la fuga, Sergio Pitol)

 

No lo sé. Ahora, estoy en un juego entre el tiempo y esa bella dama. Un juego que no va a mi favor.

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s